Como escaños parlamentarios, son los bancos de sus parques, incluso la disposición de estos, enfrentados entre sí, preparan a las abuelas para iniciar sus matinales debates.
Igual que los políticos con sus corbatas, maletines de piel y sonrisas forzadas, a ellas también se les reconoce, pero solo por sus vestidos de flores estampadas caminando sobre sus zapatillas, las mismas que andan sus casas, las que se desgatan entre el parque y tiendas de sal y vinagre.
Los centros de las ciudades son los más cotizados, pisos pequeños, viejos y de precios, aun así, muy elevados. Pero en esos centros, es donde más periférico me siento.
Abuelas de barrio, los parques y sus remos colmados de niños entremezclados, gritos de madres , la tienda de mary y como no el estanco de abajo. Organigramas, donde todos saludan, preguntan y discuten, en definitiva, donde entre todos crean murmullos de vida.
Cálidas periferias de realidad actualizada. En mi barrio no existen los escaparates, en el otro barrio que tambien vivo, tampoco he vsito ninguno. De que sirven?, fachadas de los centros que son solo cortinas donde todos abren su telón constantemente por mostrar sus mejores funciones, obras de fantasía, irrealidad y porsupuesto de finales felices.
Las conversaciones nutritivas de esos parques, de mis, de nuestras abuelas, nadie las escucha, ellas tampoco lo necesitan, porque igual que yo, se sienten mas vivas que nadie con el murmullo de los barrios.
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